“Detrás de cada lactancia sostenible hay una red de amor y apoyo que sostiene a mamá.”
Este año, la Semana Mundial de la Lactancia tiene como lema “Construyendo sistemas de apoyo sostenibles”, y no puedo evitar mirar hacia atrás y agradecer por el camino que recorrí.
Mi historia de lactancia empezó en medio de un giro inesperado: estaba buscando trabajo como ingeniera cuando me enteré que estaba embarazada. En lugar de encontrar oportunidades, muchas puertas laborales se cerraron por mi estado. Así que, sin buscarlo del todo, mi nuevo trabajo fue el más desafiante y transformador de mi vida: ser mamá.
La pandemia llegó justo en ese momento que nació mi hija, y aunque para muchos fue una época difícil (y claro que también lo fue para mí), para mi lactancia fue una especie de pausa inesperada del mundo que me permitió concentrarme en mi bebé, en mi cuerpo y en nuestro vínculo en la soledad de mi hogar fuera de las exigencias del mundo exterior. Entonces en vista de encontrarme en ese momento puntual en la humanidad, me había propuesto lactar al menos seis meses. Pero pasó algo más grande: descubrí que la lactancia no era solo alimento, era conexión, consuelo, sueño regulado, emociones más tranquilas… una forma de la maternidad que me enseñó muchísimo y terminé lactando 3 años completos (ver el vídeo del destete aquí).
No estuve sola.
Mi esposo, aunque a veces se sentía un poco excluido, siempre estuvo ahí, valorando cada noche de desvelo, cada lágrima de frustración, cada logro pequeño. Mis papás, que asumieron con amor y sin preguntas el rol de apoyarme económicamente mientras yo “trabajaba” de mamá tiempo completo. La Liga de la Leche, que en medio de la pandemia me sostuvo con palabras, información y contención emocional cuando más lo necesité. Mis amigas, que en vez de juzgarme, me admiraban. Y mi prima Manu, que un día me dijo: “si soy mamá, quiero ser como tú”. Esa frase me marcó, porque como mamás siempre creemos que damos poco y fallamos, pero a los ojos de alguien que desea ser mamá podemos ser esa luz en su camino y por eso nuestras historias deben ser contadas y compartidas.
Hoy, esa red de apoyo me sigue acompañando.
Y lo más bonito es que todo este camino me inspiró a crear Mamá Morrocoy.
Primero como un blog de maternidad pero después con una creación de un producto que ayudara a más familias como yo en su crianza y por eso somos una marca que NO solo quiere vender productos para bebés, sino como un espacio donde otras mamás se sientan vistas, acompañadas, valoradas. Dónde podamos hablar sin miedo del esfuerzo que significa maternar y paternar hoy. Donde entendamos que no todas las familias se ven igual, y que hay muchas formas de dar amor, con o sin lactancia.
Entonces en mi caso lactar me fue posible porque tuve contención económica, una red de apoyo emocional y práctica, y también el aislamiento que me dio la pandemia, que aunque desafiante, me permitió pausar el ritmo de vida para concentrarme en mi maternidad. Tuve acceso a información confiable, chats, grupos, asesorías. Porteaba dos o hasta tres veces al día, con sesiones largas de hasta tres horas gracias a una excelente guía que tuve con mi asesora de porteo para el uso del fular, lo que fortalecía aún más mi deseo de continuar lactando y sentirme más a gusto con mi nueva identidad. Saber cómo el porteo y la lactancia influían en el sueño me ayudó muchísimo, y aunque tuvimos momentos difíciles —como cuando salieron los dientes—, logramos superarlo. Hoy, cinco años después, mi hija y yo hemos encontrado un equilibrio en sus siestas y su sueño nocturno.
Todo esto me deja una gran reflexión: la saciedad emocional y práctica también sostiene a las madres. Aun si no estás directamente involucrado en la crianza, puedes hacer la diferencia en una familia. Y desde el gobierno urge que se creen políticas reales, coherentes y sostenibles que reconozcan el rol de la mujer como madre y como profesional, si realmente queremos construir nuevas familias más sanas, fuertes y esperanzadas.
Celebremos esta semana abrazando la diversidad de caminos que tomamos como madres… Porque para sostener una lactancia (y una maternidad), se necesita mucho más que leche: se necesita un pueblo entero.
Te invito a leer un reporte sobre WABA | SEMANA MUNDIAL DE LA LACTANCIA MATERNA 2025
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